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martes, 19 de julio de 2011

ESCANDINAVIA 2011: las crónicas (3)

TERCERA PARTE:
FINLANDIA, CÍRCULO POLAR Y CABO NORTE

7 de junio
Lulea (65,58ºN/22,16ºE) - Saarsielkä (68,42ºN/27,42ºE)

SUECIA, FINLANDIA

Renos en una carretera finlandesa
En Finlandia vimos renos
Salimos de Suecia por la misma carretera E4 para llegar a Haparanda y, por allí, cruzar el río Tornio para pasar a Finlandia. Han sido tres días los que hemos empleado en cruzar Suecia de norte a sur. La verdad, nos llevamos una buena imagen del país. En realidad, sabemos que le hemos dedicado poco tiempo, que merece un viaje sólo para recorrerlo, y que además nos hemos saltado sus ciudades más intereantes. Bueno, otra vez será. Además, me gusta dejar flecos, destinos pendientes en los viajes que justifiquen un regreso.

Volvemos a usar los euros y somos de nuevo conscientes del precio de las cosas. Habría sido mejor no saberlo, pero no tenemos elección. En una de las paradas, en una gasolinera, mientras tomamos un café en una terraza, charlamos con un bretón que también sube a Nordkapp sobre dos ruedas. Pero él lo hace a pedales. Tiene que ser un buen viaje si estás entrenado. Seguro que sobre la bici aún saboreas más los paisajes, los cambios de temperatura, de viento.

Estoy emocionado porque estamos a punto de entrar en el Círculo Polar Ártico. Suena lejísimos. Cuando llegamos a Rovaniemi, el parque temático montado en torno a Papá Noel nos decepciona un poco. Demasiado comercial, demasiado poco ártico, poco aventurero... Además hace calor. Mucho calor. Veintiocho grados son demasiados grados para entrar en el Ártico, así que me ofusco y acabo sin camiseta echando pestes del lugar, de los finlandeses, de todo.

Afortunadamente, ya de nuevo en marcha, la placidez del paisaje finlandés -kilómetros y kilómetros de rectas, lagos y bosques- me reconcilian conmigo mismo. No tardamos en ver los primeros renos. Son más grandes de lo que recordaba de mis asignaturas de Prehistoria, y no se asustan con los coches. Si un reno decide que va a cruzar, va a cruzar. Así que mejor frenar y esperar a que atraviese la carretera a su ritmo pausado.

Habíamos reservado un hotel en un centro de esquí junto a un parque natural. Elegir sobre la marcha, de un día para otro, permite aprovechar ofertas difíciles de encontrar de otra manera. Llegamos al hotel, que por momentos parece sacado del El Resplandor, pero cuenta con todo tipo de lujos. Ya en el hotel descubrimos que Finlandia tiene diferente uso horario (es una hora más), lo que explica que en una de las paradas estuviera cerrado una especie de poblado de lapones buscadores de oro en el que aparcamos al azar.

El hotel incluso tiene sauna. Qué mejor sitio para tomar una sauna que la Laponia finlandesa. Pero eso sería después de la cena buffet. ¿La sauna? Demasiado calor. Quizás con una temperatura exterior más propia de la zona uno puede llegar a disfrutarlo. Ahora, creo que efectivamente nunca había sudado tanto en mi vida.

8 de junio
Saarsielkä (68,42ºN/27,42ºE) - Nordkapp (71,17ºN/25,78ºE) - Skipfjord (71,02ºN/25,88ºE)

FINLANDIA, NORUEGA

¡Nordkapp!
¡Cabo Norte!
Cuando dejamos el hotel la recepcionista nos comenta que hemos tenido mucha suerte con el tiempo, que hace muy bueno para montar en moto. Yo, gruñón por naturaleza, le digo que hace incluso demasiado calor para andar en moto cargando con toda la ropa y las protecciones. Se ríe de mí y, mirándome a los ojos, me dice que de verdad he tenido mucha suerte, que no sé lo que estoy diciendo.

Me acuerdo de la conversación con la recepcionista ya en Noruega, cuando, helado de frío, tengo que parar a abrigrarme. Y eso que aún no ha empezado a llover. Habíamos salido de Finlandia por una carretera recta, pero que recorre un paisaje ondulado en una continua sucesión de toboganes. Es la imagen típica del rally de Filandia, con los coches saltando en cada cambio de rasante.

Por primera vez vemos un cartel que indica Nordkapp, nuestro destino. Estamos a unos trescientos kilómetros. Por primera vez, también, en el mapa que llevo en la tapa de la bolsa sobredepósito, aparece Cabo Norte y el lugar donde nos encontramos. Efectivamente estamos ya muy cerca.

En uno de los repostajes, ya en Noruega, nos encontramos con dos motos españolas. Son Carlos y Juan Carlos, un canario y un extremeño, también foreros de bmwmotos.com. Han subido más rápido que nosotros, devorando kilómetros y kilómetros diarios. Hacemos buenas migas. Es agradable volver a hablar en castellano, además. Aún no lo sabíamos, pero encontraremos de nuevo más adelante.

Además del hotel de Saariselka, desde Suecia también habíamos reservado una habitación en el Nordkapp Camping, ya en la isla de Mageroya, a unos treinta kilómetros de Cabo Norte. Pese a la lluvia, y a que tengo los pies helados porque las botas que llevo no son impermeables, decidimos subir. La lluvia se convierte en niebla, y arriba, en el complejo turístico, en lugar de hacerle fotos a la esfera metálica, le hago fotos al GPS del teléfono con la latitud y la longitud. El peaje para entrar da derecho a 48 horas de acceso al parque, así que, sobre la marcha, decidimos que volveremos al día siguiente, que seguro que el tiempo mejorará. Realmente, no es para quejarse, porque en 5.000 kilómetros de trayecto, sólo nos ha hecho malo en los últimos cientos. Será que nos hemos malacostumbrado.

Luego, en el camping, nos encontramos de nuevo con Carlos y Juan Carlos, que están dispuestos a subir a medianoche para disfrutar del sol de eso, de medianoche. Seguro que hay sol. De hecho, ya en Saariselka no anocheció. Seguro que no anochece, pero las nubes impiden su vista, así que desisten de la idea. Al día siguiente subiríamos los cuatro, y tampoco veríamos el sol en Nordkapp.

9 de junio
Skipfjord (71,02ºN/25,88ºE) - Nordkapp (71,17ºN/25,78ºE) - Ovre Alta (69,92ºN/23,27ºE)

NORUEGA

En la isla de Mageroya, ya hacia el sur
En la isla de Mageroya, aprovechando un claro entre las nubes
Las previsiones de mejoría no se cumplen a primera hora de la mañana, pero decidimos acompañar a los dos foreros de bmwmotos.com hasta el cabo, pues ellos al final no habían subido el día anterior. Al final recorremos esos últimos 25 kilómetros entre la niebla, aunque no es ni la mitad de espesa que el día anterior.

Como llegamos antes de las once, hora de apertura del complejo, hacemos tiempo viendo cómo llegan más motoristas. A algunos de ellos los hemos adelantado por el camino o nos han rebasado en las últimas etapas. Una alemana que ha llegado con su veterana Suzuki GS 500 (y a la que vimos la primera vez en la frontera entre Finlandia y Noruega) está tan emocionada que da la mano y saluda a todo el que se le pone delante. Las sonrisas de la gente, pese al mal tiempo, no caben en los cascos. Nosotros hemos cumplido nada más llegar con el ritual de las fotos en la bola metálica que simboliza el punto más septentrional al que se puede llegar por carretera, pero la niebla ha deslucido bastante las imágenes. Para compensar, tienen un verdadero toque ártico.

Después de un café en el complejo y de unas compritas mínimas (pegatinas, un gorro...) nos despedimos de nuestros nuevos amigos no sin antes intercambiar los teléfonos y las direcciones de correo electrónico. Tenemos fotos que enviarnos mutuamente, además.

Luego, en la bajada, cuando aún no habíamos avanzado ni una docena de kilómetros, el cielo se abrió sobre la isla de Mageroya, y pudimos contemplar por primera vez una tira absurda de asfalto que recorre un lugar que nadie en su sano juicio habría colonizado. Obviamente, con la emoción del sol y de las vistas, paramos a hacer fotos casi en cada cuneta.

El buen tiempo fue acompañándonos según bajábamos. En Honningsvag, principal puerto de la isla, repostamos y compramos un par de bocadillos que luego comeríamos en un recodo de la E69, una carretera a la que sé que volveré. Cabo Norte no está mal, de verdad, pero lo verdaderamente bueno son esos doscientos kilómetros que llevan desde la frontera con Finlandia hasta el cabo, especialmente el tramo que recorre la primera línea de costa del fiordo de Porsanger, batido por el viento helado a su paso por el mar de Barents.

Carretera E6 hacia Alta, en la costa del mar de Noruega
Carretera E6 entre el mar de Barents y el de Noruega
Después de deshacer la E69 rolamos hacia Alta a través de una especie de puerto que cruza un altiplano nevado. Qué buena idea haber elegido el principio de junio para este viaje.

En Ovre Alta alquilamos un hytter de lujo (para cinco personas, pero a precio de dos) en un camping que parece sacado de un libro de cuentos de Raymond Carver. Unos holandeses, que vienen de pescar en la isla de Hjelmsoya (al oeste de Mageroya) se han quedado tirados porque se les ha averiado el coche, y esperan haciendo barbacoas y bebiendo latas de cerveza. Es la primera vez que salimos por la mañana con el alojamiento sin reservar. Cruzaremos así toda Noruega, aprovechando además las cocinas de las cabañas para ahorrarnos la cena de cada día y el desayuno siguiente.

Julia cae rendida. Mientras, aprovecho para hacerle fotos al sol de medianoche.

CRÓNICAS (en este blog)

 1  Primera parte: objetivo Escandinavia
 2  Segunda parte: Suecia y su costa báltica

domingo, 3 de julio de 2011

ESCANDINAVIA 2011: Las crónicas (2)

SEGUNDA PARTE:
SUECIA Y SU COSTA BÁLTICA

4 de junio
Lund (55,70ºN/13,19ºE) - Katrineholm (58,99ºN/16,20ºE)

SUECIA

Paseo matutino por Lund
Domkirkan, en Lund
Por la mañana, después de que el sol comezara a achicharrarnos a las seis de la mañana (es que el apartahotel abuardillado era una preciosidad, pero una preciosidad expuesta a un sol que aquí a las seis de la mañana da bastante guerra). Por la mañana, decía, hemos dado un paseo por el casco histórico de Lund. Ha sido nuestro primer paseo turístico, lo que nos ha permitido disfrutar de la catedral románica (enorme comparada con el románico rural de nuestra tierra), la plaza del mercado y ciertos paisajes del centro histórico que bien valen esa caminata a horas tan intempestivas. De hecho, a las diez ya estábamos montados en la moto camino de Katrineholm, donde a última hora de ayer habíamos reservado un hotel con encanto. Vamos, con encanto acumulado desde el año 36 concretamente.

Al principio del día tuvimos que deshacer el camino que ayer hicimos desde Helsingborg, ya que en principio pensábamos haber entrado a Suecia por el puente de Oresund, pero al estar cerrado tuvimos que dar una vuelta que ahora nos obliga a deshacer unas decenas de kilómetros. Qué más da. Estamos contentos. Hace bueno, estamos cansados porque no hemos dormido demasido por el sol pero ya estamos en Escandinavia. Así que ahora toca seguir avanzando hacia el norte.

Área de descanso de Skjöboda
Área de descanso de Skjoböda
Una de las primeras paradas del día la hacemos en un área de descanso con vistas a un lago. Objetivamente, es un lugar al que iría gustosamente a comer sólo por el hecho de disfrutar de las vistas. Más adelante comeremos en un Burger King, y poco después dejaremos la autopista para ir por una carretera nacional recta y aburrida, pero rápida y práctica. Habitualmente tiene tres carriles, uno en un sentido y dos en otro. Al final del día habremos recorrido algo más de 500 kilómetros, dos tercios de ellos por la E4, una carretera cuyos más de 2.000 kilómetros recorrermos casi completamente en los próximos días. Además, hemos llegado a Katrineholm  a tiempo de dar un paseo por la ciudad  y buscar una terraza donde cenar al sol.

5 de junio
Katrineholm (58,99ºN/16,20ºE) - Sundsvall (62,39ºN/17,31ºE)

SUECIA

Castillo de Wik
Castillo de Wik
Poco a poco iremos dejando los lagos del centro de Suecia para ir hacia la costa báltica por la carretera E4. Avanzamos por ella a buen ritmo. Es fácil de recorrer, rozando lo aburrido, pero la escala nórdica de los paisajes (para los que estamos acostumbrados a los valles más cerrados y enrevesados del norte de España) compensa lo simple del trazado, eminentemente rectilíneo.

Aprovechamos para parar a descansar los desvíos a los sitios pintorescos. El primero en el que paramos es Wiks Slott, que significa, por lo que pudimos ver, castillo de Wik. Apuntamos una nueva palabra en la lista de palabras suecas y disfrutamos del descanso haciendo fotos al castillo, donde las suecas aprovechan cada rayo de sol para tumbarse en una toalla e intentar, habitualmente en vano, broncearse.

Embalse de Alvkarleby
Embalse de Alvkarleby.
La siguiente parada, ya para comer, fue en una presa preparada para la pesca de salmones. La verdad es que la pesca es el deporte rey en toda Escandinavia: ni hockey, ni fútbol, ni esquí nórdico. Lo que más les gusta es pescar, y en cada rincón ves a gente cargando con cañas camino de la orilla de algún río o lago. En un desvío posterior daríamos al azar también con un embarcadero ya acostado sobre el mar Báltico. Los siguientes mil kilómetros los pasaremos a su vera, aunque la carretera E4, que llega hasta Finlandia, pasa cerca de la costa, pero sin estar exactamente situada en el litoral. Las vistas son más de carretera de interior, con bosques y lagos, pero al menos está al abrigo del aire frío que llega del Golfo de Botnia.

Tras otros quinientos kilómetros aproximadamente llegamos a Sundsvall, una ciudad portuaria de poco más de 50.000 habitantes caracterizada por estar construida en piedra en estilo prusiano. De hecho, si la recorres dando un paseo, tienes la sensación de estar más en Centroeuropa que a 62 grados norte. El caso es que la ciudad, que originariamente era de madera, se quemó por completo en 1888 y como la financiación para su reconstrucción fue obra de los alemanes (interesados por el comercio con la zona), lo hicieron siguiendo el estilo . Por eso mismo es hoy una ciudad exótica en el país, conocida como Stenstaden ('ciudad de piedra')

6 de junio
Sundsvall (62,39ºN/17,31ºE) - Lulea (65,58ºN/22,16ºE)

SUECIA

Iglesia y cementerio de Grundsunda
Cementerio de Grundsunda con su campanario exento de madera.
El 6 de junio es festivo en Suecia. Afortunadamente, y gracias a la guía que llevábamos en el baúl, estábamos avisados. No nos impidió seguir con el plan previsto: continuar avanzando hacia el norte por la E4. El momento más tenso del día, después de que, nada más entrar la reserva, haber dejado pasar una gasolinera pensando que en la próxima estaría eso, próxima. Pues no. Tocó pasar a conducción económica, porque hasta que no llevábamos más de 400 kilómetros de depósito, no apareció otra gasolinera. De hecho, entraron casi 17 litros en un tanque que tiene una capacidad nominal de 16 litros. No me preguntéis cómo.

Clásicos americanos en Grunsunda
Clásicos americanos. En Suecia vimos muchos.
Las paradas del día fueron especialmente bonitas, además. La primera, en el cementerio de Grundsunda, donde además del reclamo que suponía el cementerio con su campanario de madera, una concentración de coches clásicos americanos animaba el ambiente. Más adelante, ya en la costa báltica, encontramos un lugar donde comer de lujo, una especie de merendero en mitad del césped y con vistas al mar y las islas Knaven. La gracia, eso sí, es que la carretera que nos devolvía a la E4 estaba sin asfaltar. No es que estuviera en obras, sino que era así. De todas formas, estaba afirmada de tal forma que se puede decir que he circulado por carreteras con asfalto pero más incómodas o difíciles.

Embarcadero de Langvind en el Báltico
Embarcadero en el Báltico
Así hasta que llegamos a Lulea, donde justo en el momento de aparcar la moto frente al hotel, saltó el chivato de que se había fundido una bombilla. Se trataba de la luz de cruce, así que por lo menos teníamos práctica cambiándola. Además, en un alarde de previsión, llevábamos repuesto. Cogimos una plaza de garaje para poder trabajar cómodos en la moto y en menos de la mitad de tiempo que la vez anterior (bajo una marquesina durante una tormenta en un viaje por el sur de Francia) resolvimos el problema.

CRÓNICAS (en este blog)

 1  Primera parte: objetivo Escandinavia

 3  Tercera parte: Finlandia, el Círculo Polar y Cabo Norte

viernes, 1 de julio de 2011

ESCANDINAVIA 2011: Las crónicas (1)

PRIMERA PARTE:
OBJETIVO ESCANDINAVIA

1 de junio
Bilbao (43,25ºN/2,93ºW) - Saran (47,95ºN/1,85E)

ESPAÑA, FRANCIA

Área de descanso en la A63, a la altura de Labenne
La moto en un área de descanso de la autopista
El día anterior ya había dejado la moto cargada en el garaje mientras Julia llegaba del trabajo. Un poco de tetris previo había permitido, además, que la ropa (envasada por tipos en bolsas para congelados para poderla prensar y que fuera fácil hacer y deshacer la bolsa interior de la maleta) entrara en su continente. El baúl también estaba lleno y, por primera vez, llevábamos un petate atado por encima del baúl. En él llevábamos principalmente comida, pues los precios nórdicos invitan a ajustar el presupuesto de los pobres habitantes del sur de Europa. La bolsa sobredepósito queda reservada, eminentemente, para las cámaras fotográficas. Así que salimos, y como las dos primeras etapas son de transición pura y dura, cogemos la autopista desde el principio. Aunque sea de peaje. Se trata de avanzar, de hacer kilómetros hacia el norte. Y eso hacemos: dejamos atrás la lluvia en Vizcaya, los viñedos de chacolí de la zona de Getaria, los pinares de Las Landas...

Las paradas son sólo para comer (estrenamos los útiles de pic-nic que compramos poco antes en una escapada al Décathlon) y repostar, amén de los peajes. De esa forma, cansados más por el aburrimiento de la autopista que por el esfuerzo físico, llegamos a nuetro destino antes de las nueve de la noche. Esa noche nos alojamos en un hotel Kyriad en Saran, una población adosada a Orléans. Como el de la segunda noche, lo habíamos reservado por internet a través de booking. Para nosotros es muy cómodo cargar con un miniportátil e ir reservando hoteles con wifi para ir buscando hotel noche por noche. Lo mejor del día es que hace bueno y que, sobre todo, por fin estamos en marcha.

2 de junio
Saran (47,95ºN/1,85E) - Ostbevern (52,06ºN/7,80ºE)

FRANCIA, BÉLGICA, ALEMANIA


Hoy dormiremos a una latitud de 52º. Obviamente, 52 N, porque todo en este viaje es un avanzar hacia el norte. Llevamos dos días de autopista, separados (o unidos, según se mire) por una noche en un hotel de carretera a las afueras de Orléans. Hasta que hemos llegado al segundo hotel que teníamos reservado, una preciosidad de hotel rural en el que las habitaciones son temáticas (la nuestra es la habitación Harley-Davidson), y están en diferentes edificios en torno a un patio desde el que escribo mientras tomo una cerveza. Para algo estamos en Alemania. Bueno, ayer estábamos en Francia y también me tomé una cerveza, así que mejor dejamos los tipismos geográficos para otro momento.

Esta primera fase, al menos hasta que lleguemos a Suecia, procuramos avanzar rápidamente. Nada de carreteras secundarias, nada de rodeos, nada que no sea el camino más rápido. Obviamente, la autopista, sobre todo en Alemania, donde son rápidas de verdad. Qué diferencia con la anterior vez que recorrimos la autobahn. Entonces Antígona (la moto, una BMW F800S) estaba aún limitada. Ahora, los cruceros son mucho más rápidos, por más que el viento se empeñe en lo contrario. Ahora que lo pienso, llevamos dos días luchando contra el aire, que siempre ha soplado a la contra. Supongo que sea algo habitual en la zona. No en vano, hemos visto cientos de molinos de viento, sobre todo desde el centro de Francia hacia el norte: Île-de-France, Picardía. Pas-de-Calais tiene las cunetas de sus autopistas sembradas de aerogeneradores, como si fueran árboles que bordean una antigua carretera nacional, pero a una escala ciclópea.

Mirando la carta de cervezas de una gasolinera
Latas de cerveza de litro en una
gasolinera alemana (foto farandwell)
Hemos pasado al oeste de Alemania a través de Bélgica, que hemos atravesado a la altura de Lieja, para entrar por Aquisgrán. Antes, a primera hora del día, habíamos atravesado París por sus radiales. De hecho, si me dicen que iba a ver París y no iba a parar, ni me lo creo. Casi del mismo modo hemos atravesado Bélgica, reconociendo el nombre de sus ciudades a partir de los carteles de los desvíos de la autopista. Todo lo más, hemos repostado en ese país, pero pese a la ausencia de gobierno, hemos tenido que pasar la tarjeta por la máquina para pagar la gasolina.

En Alemania, la autobahn es protagonista. Tanto, que parece que puedas llegar a cualquier sitio sin salir de su asfalto. Nosotros, de hecho, para llegar a un hotel bucólico y rural, hemos tenido que alejarnos sólo diez kilómetros de ella. Ahora, a la vista de la velocidad a la que se puede circular de forma segura por ella, y de su precio (en Alemania las autopistas son gratuitas), quizás, a la vuelta, convenga volver cruzando la mayor parte posible de Alemania y no tanto por Francia. Eso, por no mencionar los atascos que rodean París.

Habida cuenta de que en Francia, en el hotel de Orléans me tomé una cerveza, en Alemania pedí vino para cenar. Como tiene que ser, pero al revés.

3 de junio
Ostbevern (52,06ºN/7,80ºE) - Lund (55,70ºN/13,19ºE)

ALEMANIA, DINAMARCA, SUECIA

Camino de Lund al 'atardonochecer'
Primeros kilómetros por Suecia (foto farandwell)
Hay varias opciones para pasar a la península de Escandinavia por carretera. Si no quieres bajarte de la moto, la única opción es subir por la península de Jutlandia, ir de ahí a Copenhague y dejar Dinamarca por el puente Oresund, que comunica la zona del aeropuerto de la capital danesa con Malmo, en Suecia. Nuestra idea, de todas formas, era prescindir de Dinamarca en lo posible (ya habrá otra ocasión de visitarla) y llegar a Escandinavia sin dilación, así que en Puttgarden cogimos un transbordador a Rodby, en una de las islas danesas más próximas a Suecia. Queríamos pasar por el puente Oresund, pero estaba cerrado, así que tuvimos que darnos media vuelta y pasar de Helsingor (Dinamarca) a Helsingborg (Suecia) en otro transbordador. De esa forma, después de haber pasado por autopistas atascadas por las obras en los alrededores de Hamburgo, fue como pisamos Escandinavia por primera vez. En tres días habíamos llegado a la siguiente fase del viaje, Suecia, en la que procuraríamos mantener un buen ritmo hacia el norte, pero sin la prisa y parando a disfrutar del entorno.

CRÓNICAS (en este blog)

 2  Segunda parte: Suecia y su costa báltica
 3  Tercera parte: Finlandia, el Círculo Polar y Cabo Norte

lunes, 27 de junio de 2011

ESCANDINAVIA 2011: Primer resumen fotográfico

Ferry entre Helsingor y Helsingborg
Pasando por mar de Helsingor (Dinamarca) a Helsingborg (Suecia). El Puente Oresund entre Copenhague y Malmo estaba cerrado.

Iglesia y cementerio de Grunsunda
Para descansar, parábamos en los sitios al tuntún siguiendo los letreros de sitio pintoresco. Aquí, el cementerio de la iglesia de Grundsunda (Suecia).

Gaviota frente a las islas Kvarken
Según nos acercábamos a la costa báltica de Suecia, aumenta la densidad de gaviotas. En este caso, frente a las islas Kvarken, en la 'Costa Alta' de Suecia.

Renos en una carretera finlandesa
Los renos son una constante en las carreteras del norte de Escandinavia. En la Laponia finlandesa es donde más vimos.

Isla de Mageroya
Isla de Mageroya, donde está Nordkapp. Como se puede acceder por un túnel a ella, se entiende que Cabo Norte es el lugar del continente más septentrional al que se puede acceder por carretera. Esto ya es Noruega.

¡Nordkapp!
Nordkapp. Tan dentro del Círculo Polar Ártico, el sol no se pone durante varios meses al año, pero nada se suele decir del mal tiempo habitual. Para llegar a la globo terráqueo que simboliza el lugar, tuve que llegar con la brújula del teléfono.

En la isla de Mageroya, ya hacia el sur
Recorriendo, ya hacia el sur, la isla de Mageroya, se abrió un claro en el cielo y pudimos ver desde lejos los paisajes de los que las nubes bajas nos habían privado los últimos días.

Carretera E6 hacia Alta, en la costa del mar de Noruega
La carretera E6 hacia Alta. Pasamos por un altiplano hacia el mar de Noruega, dejando detrás de nosotros el mar de Barents.

Myrlandsfjorden, en las islas Lofoten
Es difícil parar al azar en las islas Lofoten y que el lugar no sea algo parecido a esto: Myrlandsfjorden, en este caso.

Gaviotan pelean por comida en Myrlandsfjorden
Como nuestro recorrido ha sido eminentemente costero, las gaviotas nos han acompañado continuamente.

Nusfjord (Lofoten)
En Nusfjord las cabañas de madera de los pescadores se han conservado perfectamente. Ahora el pueblo oscila entre el turismo y la pesca.

Reine, 'perla de las Lofoten'
Reine. Supongo que no hace falta explicar por qué ha menudo es denominado 'perla de las Lofoten'.

Ferry entre Moskenes y Bodo
Volviendo en ferry a tierra firme noruega. Cuatro horas de trayecto entre Moskenes (Lofoten) y Bodo.

Esperando al ferry entre Kilboghamn y Jetvik
Nos íbamos encotrando con otros grupos de motoristas en puntos clave del camino. Habitualmente en algunos miradores o en la espera a embarcar en los transbordadores. Aquí, en un ferry de la carretera 17 entre Kilboghamn y Jetvik.

Islas de la costa de Helgeland
La costa noruega es alucinante. Aquí, sólo un ejemplo de islas frente a la provincia de Helgeland.

Detalle de la cascada
Visitamos una cascada del majestuoso y salmonero río Namsen, aprovechada en parte para generar electricidad. Esto es un detalle del salto de agua.

Cascada Formofoss
El agua es siempre protagonista. De hecho, casi todas las cascadas tienen nombre, pero no algunos (importantes) pasos de montaña, que ni siquiera están señalados en sus puntos más altos.

La Carretera del Atlántico
La Carretera del Atlántico. Sabía que existía y no podía dejar de recorrerla, pero tienen razón quienes dicen que es muy corta y que quizás no justifique el desvío que supone.

Geiranger
Geiranger, en el extremo del fiordo al que da nombre (Geirangerfjord), no puede dejar de visitarse.

Mirador sobre el Geirangerfjord
Geiranger desde otra perspectiva.

Parte asfaltada de la carretera de acceso al Dalsnibba
Parte alsfaltada de la carretera que da acceso a Dalsnibba, un mirador sobre el Geirangerfjord situado a casi 1.500 m. de altitud.

Junto al desvío que da paso a la Carretera de las Águilas
El descanso del guerrero. Justo antes de iniciar la Carretera de las Águilas, que estaba cortada porque se la habían llevado las lluvias.

Ferry desde Bruravik hacia la carretera 7
Ferry para cruzar el Eidsfjord y llegar a la carretera 7.

Surtidor abandonado en la carretera 7
La Carretera 7.

Iglesia de madera de Gol
Stavkyrke (iglesia de madera) de Gol. Es una réplica de la original, trasladada (piedra por piedra, digo tronco por tronco) a un museo para conservarla.

Helsingborg
Esté donde esté, y más con la cámara réflex en la mano, no dejo de disparar a todas las motos que se ponen a tiro. Ducati Monster en Helsingborg, extremo boreal de Suecia.

Postre en Baden-Baden
Y de postre, el que nos tomamos en Baden-Baden (Alemania), antes de recorrer, al día siguiente, la Selva Negra.

Paseo matutino por Auxonne
El objetivo está ya sucio después de tres semanas de batalla, y los pueblos presentan un aspecto cada vez menos nórdico. Esto es Auxonne, en Alsacia (Francia).