Instagram

Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de septiembre de 2013

Egocrónica: Triatlón de San Juan de Luz

Por una serie de casualidades me tocaba ir solo, sin el apoyo logístico y fotográfico de Julia, así que esta crónica, en principio, no tendrá imágenes salvo aquellas que logre por internet. No se me va a olvidar que el dorsal para este triatlón lo había conseguido gracias a un sorteo de forotriatloi.com. Quizás porque había ahorrado eso me dolió menos pagar peajes y párking subterráneo en el centro de San Juan de Luz, concretamente en el parking Coeur de ville / Hiri bihotza.

viernes, 1 de julio de 2011

ESCANDINAVIA 2011: Las crónicas (1)

PRIMERA PARTE:
OBJETIVO ESCANDINAVIA

1 de junio
Bilbao (43,25ºN/2,93ºW) - Saran (47,95ºN/1,85E)

ESPAÑA, FRANCIA

Área de descanso en la A63, a la altura de Labenne
La moto en un área de descanso de la autopista
El día anterior ya había dejado la moto cargada en el garaje mientras Julia llegaba del trabajo. Un poco de tetris previo había permitido, además, que la ropa (envasada por tipos en bolsas para congelados para poderla prensar y que fuera fácil hacer y deshacer la bolsa interior de la maleta) entrara en su continente. El baúl también estaba lleno y, por primera vez, llevábamos un petate atado por encima del baúl. En él llevábamos principalmente comida, pues los precios nórdicos invitan a ajustar el presupuesto de los pobres habitantes del sur de Europa. La bolsa sobredepósito queda reservada, eminentemente, para las cámaras fotográficas. Así que salimos, y como las dos primeras etapas son de transición pura y dura, cogemos la autopista desde el principio. Aunque sea de peaje. Se trata de avanzar, de hacer kilómetros hacia el norte. Y eso hacemos: dejamos atrás la lluvia en Vizcaya, los viñedos de chacolí de la zona de Getaria, los pinares de Las Landas...

Las paradas son sólo para comer (estrenamos los útiles de pic-nic que compramos poco antes en una escapada al Décathlon) y repostar, amén de los peajes. De esa forma, cansados más por el aburrimiento de la autopista que por el esfuerzo físico, llegamos a nuetro destino antes de las nueve de la noche. Esa noche nos alojamos en un hotel Kyriad en Saran, una población adosada a Orléans. Como el de la segunda noche, lo habíamos reservado por internet a través de booking. Para nosotros es muy cómodo cargar con un miniportátil e ir reservando hoteles con wifi para ir buscando hotel noche por noche. Lo mejor del día es que hace bueno y que, sobre todo, por fin estamos en marcha.

2 de junio
Saran (47,95ºN/1,85E) - Ostbevern (52,06ºN/7,80ºE)

FRANCIA, BÉLGICA, ALEMANIA


Hoy dormiremos a una latitud de 52º. Obviamente, 52 N, porque todo en este viaje es un avanzar hacia el norte. Llevamos dos días de autopista, separados (o unidos, según se mire) por una noche en un hotel de carretera a las afueras de Orléans. Hasta que hemos llegado al segundo hotel que teníamos reservado, una preciosidad de hotel rural en el que las habitaciones son temáticas (la nuestra es la habitación Harley-Davidson), y están en diferentes edificios en torno a un patio desde el que escribo mientras tomo una cerveza. Para algo estamos en Alemania. Bueno, ayer estábamos en Francia y también me tomé una cerveza, así que mejor dejamos los tipismos geográficos para otro momento.

Esta primera fase, al menos hasta que lleguemos a Suecia, procuramos avanzar rápidamente. Nada de carreteras secundarias, nada de rodeos, nada que no sea el camino más rápido. Obviamente, la autopista, sobre todo en Alemania, donde son rápidas de verdad. Qué diferencia con la anterior vez que recorrimos la autobahn. Entonces Antígona (la moto, una BMW F800S) estaba aún limitada. Ahora, los cruceros son mucho más rápidos, por más que el viento se empeñe en lo contrario. Ahora que lo pienso, llevamos dos días luchando contra el aire, que siempre ha soplado a la contra. Supongo que sea algo habitual en la zona. No en vano, hemos visto cientos de molinos de viento, sobre todo desde el centro de Francia hacia el norte: Île-de-France, Picardía. Pas-de-Calais tiene las cunetas de sus autopistas sembradas de aerogeneradores, como si fueran árboles que bordean una antigua carretera nacional, pero a una escala ciclópea.

Mirando la carta de cervezas de una gasolinera
Latas de cerveza de litro en una
gasolinera alemana (foto farandwell)
Hemos pasado al oeste de Alemania a través de Bélgica, que hemos atravesado a la altura de Lieja, para entrar por Aquisgrán. Antes, a primera hora del día, habíamos atravesado París por sus radiales. De hecho, si me dicen que iba a ver París y no iba a parar, ni me lo creo. Casi del mismo modo hemos atravesado Bélgica, reconociendo el nombre de sus ciudades a partir de los carteles de los desvíos de la autopista. Todo lo más, hemos repostado en ese país, pero pese a la ausencia de gobierno, hemos tenido que pasar la tarjeta por la máquina para pagar la gasolina.

En Alemania, la autobahn es protagonista. Tanto, que parece que puedas llegar a cualquier sitio sin salir de su asfalto. Nosotros, de hecho, para llegar a un hotel bucólico y rural, hemos tenido que alejarnos sólo diez kilómetros de ella. Ahora, a la vista de la velocidad a la que se puede circular de forma segura por ella, y de su precio (en Alemania las autopistas son gratuitas), quizás, a la vuelta, convenga volver cruzando la mayor parte posible de Alemania y no tanto por Francia. Eso, por no mencionar los atascos que rodean París.

Habida cuenta de que en Francia, en el hotel de Orléans me tomé una cerveza, en Alemania pedí vino para cenar. Como tiene que ser, pero al revés.

3 de junio
Ostbevern (52,06ºN/7,80ºE) - Lund (55,70ºN/13,19ºE)

ALEMANIA, DINAMARCA, SUECIA

Camino de Lund al 'atardonochecer'
Primeros kilómetros por Suecia (foto farandwell)
Hay varias opciones para pasar a la península de Escandinavia por carretera. Si no quieres bajarte de la moto, la única opción es subir por la península de Jutlandia, ir de ahí a Copenhague y dejar Dinamarca por el puente Oresund, que comunica la zona del aeropuerto de la capital danesa con Malmo, en Suecia. Nuestra idea, de todas formas, era prescindir de Dinamarca en lo posible (ya habrá otra ocasión de visitarla) y llegar a Escandinavia sin dilación, así que en Puttgarden cogimos un transbordador a Rodby, en una de las islas danesas más próximas a Suecia. Queríamos pasar por el puente Oresund, pero estaba cerrado, así que tuvimos que darnos media vuelta y pasar de Helsingor (Dinamarca) a Helsingborg (Suecia) en otro transbordador. De esa forma, después de haber pasado por autopistas atascadas por las obras en los alrededores de Hamburgo, fue como pisamos Escandinavia por primera vez. En tres días habíamos llegado a la siguiente fase del viaje, Suecia, en la que procuraríamos mantener un buen ritmo hacia el norte, pero sin la prisa y parando a disfrutar del entorno.

CRÓNICAS (en este blog)

 2  Segunda parte: Suecia y su costa báltica
 3  Tercera parte: Finlandia, el Círculo Polar y Cabo Norte

lunes, 27 de junio de 2011

ESCANDINAVIA 2011: Primer resumen fotográfico

Ferry entre Helsingor y Helsingborg
Pasando por mar de Helsingor (Dinamarca) a Helsingborg (Suecia). El Puente Oresund entre Copenhague y Malmo estaba cerrado.

Iglesia y cementerio de Grunsunda
Para descansar, parábamos en los sitios al tuntún siguiendo los letreros de sitio pintoresco. Aquí, el cementerio de la iglesia de Grundsunda (Suecia).

Gaviota frente a las islas Kvarken
Según nos acercábamos a la costa báltica de Suecia, aumenta la densidad de gaviotas. En este caso, frente a las islas Kvarken, en la 'Costa Alta' de Suecia.

Renos en una carretera finlandesa
Los renos son una constante en las carreteras del norte de Escandinavia. En la Laponia finlandesa es donde más vimos.

Isla de Mageroya
Isla de Mageroya, donde está Nordkapp. Como se puede acceder por un túnel a ella, se entiende que Cabo Norte es el lugar del continente más septentrional al que se puede acceder por carretera. Esto ya es Noruega.

¡Nordkapp!
Nordkapp. Tan dentro del Círculo Polar Ártico, el sol no se pone durante varios meses al año, pero nada se suele decir del mal tiempo habitual. Para llegar a la globo terráqueo que simboliza el lugar, tuve que llegar con la brújula del teléfono.

En la isla de Mageroya, ya hacia el sur
Recorriendo, ya hacia el sur, la isla de Mageroya, se abrió un claro en el cielo y pudimos ver desde lejos los paisajes de los que las nubes bajas nos habían privado los últimos días.

Carretera E6 hacia Alta, en la costa del mar de Noruega
La carretera E6 hacia Alta. Pasamos por un altiplano hacia el mar de Noruega, dejando detrás de nosotros el mar de Barents.

Myrlandsfjorden, en las islas Lofoten
Es difícil parar al azar en las islas Lofoten y que el lugar no sea algo parecido a esto: Myrlandsfjorden, en este caso.

Gaviotan pelean por comida en Myrlandsfjorden
Como nuestro recorrido ha sido eminentemente costero, las gaviotas nos han acompañado continuamente.

Nusfjord (Lofoten)
En Nusfjord las cabañas de madera de los pescadores se han conservado perfectamente. Ahora el pueblo oscila entre el turismo y la pesca.

Reine, 'perla de las Lofoten'
Reine. Supongo que no hace falta explicar por qué ha menudo es denominado 'perla de las Lofoten'.

Ferry entre Moskenes y Bodo
Volviendo en ferry a tierra firme noruega. Cuatro horas de trayecto entre Moskenes (Lofoten) y Bodo.

Esperando al ferry entre Kilboghamn y Jetvik
Nos íbamos encotrando con otros grupos de motoristas en puntos clave del camino. Habitualmente en algunos miradores o en la espera a embarcar en los transbordadores. Aquí, en un ferry de la carretera 17 entre Kilboghamn y Jetvik.

Islas de la costa de Helgeland
La costa noruega es alucinante. Aquí, sólo un ejemplo de islas frente a la provincia de Helgeland.

Detalle de la cascada
Visitamos una cascada del majestuoso y salmonero río Namsen, aprovechada en parte para generar electricidad. Esto es un detalle del salto de agua.

Cascada Formofoss
El agua es siempre protagonista. De hecho, casi todas las cascadas tienen nombre, pero no algunos (importantes) pasos de montaña, que ni siquiera están señalados en sus puntos más altos.

La Carretera del Atlántico
La Carretera del Atlántico. Sabía que existía y no podía dejar de recorrerla, pero tienen razón quienes dicen que es muy corta y que quizás no justifique el desvío que supone.

Geiranger
Geiranger, en el extremo del fiordo al que da nombre (Geirangerfjord), no puede dejar de visitarse.

Mirador sobre el Geirangerfjord
Geiranger desde otra perspectiva.

Parte asfaltada de la carretera de acceso al Dalsnibba
Parte alsfaltada de la carretera que da acceso a Dalsnibba, un mirador sobre el Geirangerfjord situado a casi 1.500 m. de altitud.

Junto al desvío que da paso a la Carretera de las Águilas
El descanso del guerrero. Justo antes de iniciar la Carretera de las Águilas, que estaba cortada porque se la habían llevado las lluvias.

Ferry desde Bruravik hacia la carretera 7
Ferry para cruzar el Eidsfjord y llegar a la carretera 7.

Surtidor abandonado en la carretera 7
La Carretera 7.

Iglesia de madera de Gol
Stavkyrke (iglesia de madera) de Gol. Es una réplica de la original, trasladada (piedra por piedra, digo tronco por tronco) a un museo para conservarla.

Helsingborg
Esté donde esté, y más con la cámara réflex en la mano, no dejo de disparar a todas las motos que se ponen a tiro. Ducati Monster en Helsingborg, extremo boreal de Suecia.

Postre en Baden-Baden
Y de postre, el que nos tomamos en Baden-Baden (Alemania), antes de recorrer, al día siguiente, la Selva Negra.

Paseo matutino por Auxonne
El objetivo está ya sucio después de tres semanas de batalla, y los pueblos presentan un aspecto cada vez menos nórdico. Esto es Auxonne, en Alsacia (Francia).

lunes, 5 de abril de 2010

Aquitania: tierra, mar, una bombilla fundida y el vinagre de nueces

Prolegómenos

La feliz coincidencia de unas vacaciones escolares y uno de los pocos festivos (tres al año) en los que no trabajo me situaba ante una oportunidad que no podía dejar pasar: tres días libres seguidos; un tesoro que triplicaba mi habitual descanso semanal. Vamos, que la cosa pintaba para un viaje en moto.

La poca previsión con la que organizamos el viaje nos impidió reservar alojamiento, así que decidimos ir a la aventura, sin reservar nada. A cambio, elegimos Francia, donde no era festivo y las posibilidades de encontrar sitios donde pasar la noche aumentaban exponencialmente.


Ver mapa más grande

Bilbao - Arcachon (viernes)


Saliendo de Bilbao

La N-634 es tan bonita como siempre, sobre todo una vez que abandona la zona más urbana del centro de Vizcaya y enfila la costa guipuzcoana, que pespuntea como uniendo mar y tierra. Además, salvo porque hacía algo de viento, el día era luminoso, ideal para viajar en moto. Era, según las previsiones meteorológicas, el día en el que había menos posibilidades de que nos mojáramos.


Curvas junto al mar entre Zumaia y Getaria


Nos perseguían unos extras de 'Sons of Anarchy' rascando hierros en las rotondas

Llegamos a comer Hendaye -en francés-, o Hendaya -castellano-, o Hendaia -euskera-. Vamos, que aunque haya tres maneras de escribirlo y dos de pronunciarlo, sólo se trata de un pequeño y agradable pueblo fronterizo, con una playa que lo convierte en relativamente turístico y veraniego. El otro interés es la estación de tren donde se coge el TGV que llega hasta París.


Llamada a casa para decir que estaba de viaje. Ante todo, organización

Después de recorrer 'La Corniche', hermosa como siempre, pero azotada por un viento constante, sin saber cómo -navegamos al tuntún, y no al TomTom- damos a una autopista de peaje. Pagamos un euro y pasamos Bayonne (o Bayona, o Baiona). Lo comido por lo servido: me parece justo. Bayona merece una visita, pero no hoy. La clave es que por fin podemos tomar dirección Hossegor, y antes de darnos cuenta estamos ya remontando Las Landas por la costa. Paramos en Hossegor para ver el mar, pues la carretera circula algo alejada de la primera línea de agua.


'La Corniche', carretera costera entre Hendaya y San Juan de Luz


Una sola playa en la costa de Las Landas

En realidad, la belleza del paisaje se encuentra en su continuidad. Es una enorme línea de asfalto relativamente recta, rodeada de pinos en un suelo arenoso, con desvíos a la izquierda, diferentes accesos a una playa que recorre la costa durante decenas de kilómetros. Los desvíos a la derecha conducen indefectiblemente a Dax, Mont-de-Marsan o Burdeos, según septentrional sea la posición. En estas circunstancias, y con buena visibilidad para favorecer los adelantamientos, avanzamos rápidamente hacia Arcachon, donde tenemos pensado hacer noche. Me concentro en mantener la distancia con el coche de delante para evitar el agua que levantan sus neumáticos o adelantarlo en cuanto sea posible. Muchos conductores se apartan hasta el extremo de meter su rueda derecha en la cuneta. Así da gusto circular en moto.

Antes de llegar, paramos en la duna de Pila (o de Pylat). Bueno; han sido trescientos kilómetros, pero algo hemos avanzado: sólo dos nombres para un mismo sitio. Ahora es por el occitano, por cierto. Se supone que es la mayor duna de Europa, o eso había leído en Internet, y me pareció que merecía una parada. Además, estábamos realmente cerca de Arcachon, a menos de diez kilómetros, así que ya no había prisa.






Una duna enorme, pero muy preparada para el turismo

En Arcachon, entramos hasta el paseo marítimo, y una vez allí, cogemos habitación en el primer hotel que encontramos: se trata del Park Inn. Pago un suplemento porque la habitación dé al mar. Me imaginaba que el atardecer, así orientado, con el pueblo mirando hacia el oeste, sería espectacular. La verdad es que me quedé en la bañera dándome un baño bien largo, y cuando salí… bueno, había muchas nubes, casi niebla. No se habría visto gran cosa. Un baño, habida cuenta de que en casa sólo tenemos plato de ducha, es un placer al que no pienso renunciar cuando estoy de viaje.


Buenas vistas, pero luz algo sombría

La lluvia no nos impidió recorrer el paseo marítimo depués de cenar (bastante bien, por cierto). Allí encontramos las placas de algunos navegantes, como Éric Tabarly. Las casualidades abundan para los ojos observadores.

Arcachon - Sarlat (sábado)


La comida más importante del día

Por la noche ya nos había llovido, y a la mañana siguiente seguía haciéndolo. De hecho, según las previsiones, no podíamos hacernos los sorprendidos. Así que, enfundados en nuestras chaquetas nuevas y carísimas, salimos dirección Bergerac. Antes de ello, nuestra primera parada era Saint-Émilion, un pueblecito rodeado de viñas conservado sorprendentemente bien, en parte gracias al turismo, sobre todo enológico. Estamos en una de las mayores zonas de viñas de Europa, y de donde procede la uva y la forma de hacer vino de La Rioja, por ejemplo.








Saint-Émilion, precioso, tal como lo recordaba

Al dejar el pueblo, y arrancar de nuevo el motor de Antígona, saltó un mensaje en el pantallita: bombilla fundida. Efectivamente, la luz de cruce (las cortas), no alumbraba. Menos mal que la moto es tan lista que se da cuenta de esas cosas. A cambio, tienes el iconito angustiante en el salpicadero. Estoy convencido que de no me habría dado cuenta hasta que me tocara arrancar la moto en el garaje. Pero, con la luz de avería siempre presente, era muy difícil obviarlo. Así que tras comprobar que no había parecido a un taller, dimos con un supermercado donde encontré la bombilla (evidentemente, no llevaba recambio). Leímos en el manual el proceso a seguir: no hacían falta herramientas, ni había nada que desatornillar… Bah, un juego de niños: quitar una tapa, desconectar unas clavijas, soltar un alambre que hacía de presilla, sustituir la bombilla y volver a montar lo desmontado por orden inverso. En una hora y media angustiosa conseguimos hacerlo. No era difícil, pero tenía truco. Llegué a pensar incluso en que las cortas no eran una luz tan importante en la moto.


Por fin: tras una hora de enredar en un hueco minúsculo y protegidos de la lluvia por una marquesina

Después de la reparación, en mitad de la lluvia, bajo una marquesina que era un parking para bicis de un supermercado, todo volvía a la normalidad. Así que nos dirigimos hacia Bergerac, donde descubrimos que lo más bonito era el nombre y la relación con Cyrano, al menos que nosotros viéramos. El panini que nos metimos entre pecho y espalda, eso sí, de antología.

El 'lamp-affaire' nos había trastocado el horario, pero decidimos que no era necesario renunciar a ninguna visita. Desde Bergerac, después de haber comido, las cosas se veían de otra manera. La lluvia, que nos había dado una tregua para el paseo por Saint-Émilion, incluso parecía que mojaba menos.

Cuando nos dirigíamos a La Roque Gageac, un pueblecito del que había visto una foto en Internet y quería visitar, nos encontramos por sorpresa (porque lo atravesaba la carretera que utilizábamos) con Beynac, un pueblecito de cuento en el que paramos a estirar las piernas y hacer unas fotos en un momento de pausa de la lluvia.


Nos encontramos con Beynac, un pueblo de cuento de hadas

Después nos acercamos a La Roque Gageac, que resultó ser parecido a Beynac: también un pueblecito como de película de espadas, armaduras y bellas damiselas.


De este pueblo había visto fotos en Internet: quería verlo al natural

Estábamos ya cerca de nuestro destino, Sarlat, localidad que yo recordaba por una visita al Périgord hacía más de diez años, con otros estudiantes de prehistoria. Périgord es el territorio que concentra las más famosas cuevas con arte rupestre de Francia: Lascaux, Rouffingac… además de un montón de yacimientos de referencia para lo que yo estudiaba en ese momento. Sin embargo, lo que yo recordaba de Sarlat, era el vinagre aromatizado con nueces que compré en su momento, y era excusa más que suficiente para pasar allí una noche.








Safari fotográfico por Sarlat

Tras el consiguiente safari fotográfico por Sarlat -aprovecho las paradas para sacar la cámara 'buena'- damos, de chiripa, con un restaurante magnífico, situado dentro de una casa sin remodelar, en la que cada habitación era un comedor. Alucinante.


Un restaurante glorioso

Sarlat - Bilbao (domingo)

La vuelta a casa siempre tiene esa vertiente triste de poner fin al disfrute de viajar. En nuestro caso, decidimos obviar las autopistas (sobre todo las de peaje) y volvimos por carreteras nacionales. Llovía a ratos, y el paisaje iba cambiando poco a poco, pasando de los nogales de Sarlat, a las vides del Périgord púrpura, los frutales posteriormente y acabar en las casitas con vigas encastradas de la pared propias de Las Landas y, finalmente, caseríos de hechura vasca.






Paisajes entre Périgord y Dordogne

Apenas paramos salvo para orientarnos. Lo hicimos en Villefranche de Périgord, y desde allí -después de alguna parada para repostar o tomar un café- llegamos hasta Mont-de-Marsan, donde comimos en un McDonald's. Allí tienen unas salsas afrancesadas para las patatas que yo, que soy más de Burger King, no conocía. Lo mismo hasta están extendidas por todo el mundo.


Parada para tomar eso que los franceses llaman café


Las salsas del McDonald's

A la salida de Mont-de-Marsan, la Policía Nacional francesa nos paró para mirar los papeles de la moto. Los miraron muy amablemente, me hicieron soplar para nada, y, sorprendentemente, no miraron ningún papel que no fuera del vehículo: ni carné de conducir, ni identidad, ni nada parecido.

Sin más novedad que los atascos del País Vasco francés y un chaparrón en Biarritz mientras el mar embravecido sacudía la costa, fuimos deshaciendo el camino a casa por la nacional, ya cansados y con ganas de llegar finalmente a casa. Con aceite de nueces, vinagre aromatizado y paté en las maletas, por supuesto.

[con fotos de Supergiulia / McClellan]