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domingo, 1 de octubre de 2006

Lunes de repente

Hay veces en que los días se parcen más de lo que deben a las canciones de los cantautores, a los poemas de García Montero, a los de Ángel González, al último sorbo de un café en vaso de plástico ya frío. Claro, que peor sería parecerse a Dámaso Alonso, a Blas de Otero, a las tardes seguro desangeladas de la oficina.

3 comentarios:

mc clellan dijo...

"Yo ya no lloro,
excepto por aquello que algún día
me hizo llorar:
los aviones que proclamaban
que todo había terminado;
la estación amarilla diluida en la noche
en la que coincidían, tan sólo unos instantes,
el tren que partía hacia el norte
y el que partía hacia el oeste
y jamás volverían a encontrarse;
y la voz de Juan Rulfo: «diles que no me maten»;
y la malagueña canaria;
y la niña mendiga de Lisboa
que me pidió un «besiño».
Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar"

José Hierro

Gonzalo dijo...

"«No quiero que pienses», dices
Tú sabes que sólo en ello
puedo pensar. Pasarán
los días, las noches. Tiempos
vendrán sin nosotros. soles
brillarán en cielos nuevos.
Ecos de campana harán
más misterioso el silencio.
(«No quiero que pienses».)
Yo seguiré pensando en ello.
(...)"

José Hierro, 'Desaliento' (De 'Con las piedras, con el viento', 1950)

paaliy dijo...

estoy de acuerdo

hay veces..

y puede que fuera peor..

"OTRAS VECES
Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes."
Ángel González.