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miércoles, 22 de septiembre de 2004

Las agendas viejas

El otro día, no sé por qué,
pensé que habías cambiado de teléfono,
quizás de dirección postal.
No me atreví a llamarte,
sólo por si era verdad.
Prefiero seguir pensando que tengo tus señas,
que, en todo caso, habrías llamado con el aviso.
Ahora no sé si mudarme en secreto
o dejar el teléfono descolgado para siempre.

(Escrito en un autobús, en enero de 2004, entre Bilbao y Santander, probablemente a la altura de 'Derivados del flúor', el mejor paisaje de la costa cantábrica. Lo he encontrado hoy en una libreta)

4 comentarios:

Lola Lapaz dijo...

Eso es lo bueno que tienen las agendas viejas... Rebuscando entre sus páginas encuentras trocitos de tu vida, garabatos, dibujos, anotaciones... Y piensas: "¿en qué estaría yo pensando cuando escribí este párrafo?"

¿Cómo puede haber gente que tire a la basura una agenda al acabar el año? Es un poco como tirar tus recuerdos y vivencias, ¿verdad?

llanetes dijo...

Tratar de recordar lo que te llevó a escribir aquello es casi como pararte a pensar "¿por qué me enamoré de ...?" ¿no crees?
En cualquier caso es sólo mi opinión, que te expreso porque explorando las posibilidades del blogger acabé enganchada a tus palabras.
Y nada más...

Anónimo dijo...

no dudes, múdate y deja el teléfono descolgado

Haiduc dijo...

Tengo todas mis agendas. Todas con deseos de guardar recuerdos para mí.