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lunes, 11 de junio de 2007

Despertares de verano siguiente

Cuando por fin despertaron hacía tiempo que el sol se colaba por las rendijas de la persiana entreabierta. Ella miraba el paisaje con atención de notario, reteniendo en la memoria la irregular disposición de las casas, el río y un monte con forma piramidal, perfecto como la ilustración de una caja de lápices de colores. Sintió en su espalda la mano de él y se estremeció. Se volvió para besarle, pero se había vuelto a dormir. Sonrió, finalmente dejó caer sobre la frente de él un beso parsimonioso, casi infantil, y pensó que todo iría a mejor. Aún a mejor, no como el paisaje de su pueblo, arrasado por un incendio el año pasado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una gozada despertarse al lado de la persona deseada mientras te besa la espalda, el cuello...

Señor Merlot de Chardonnay dijo...

Sobre todo cuando consigue que te replantees toda tu escala de valores: ya da igual el paisaje, todo se convierte en un borroso e intrascendente segundo plano.

Anónimo dijo...

La escala de valores en ese momento uno la pierde por completo.

martina dijo...

Lo realmente bello no es que consiga que te lo replantees. Es que lo realices.