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viernes, 4 de agosto de 2006

A cuatro manos

En ocasiones Crapúscula y yo nos juntamos después del trabajo y arreglamos el mundo junto a una barra, entre cubalibres y gintonics. Luego, al día siguiente, no recordamos los remedios globales que hemos acordado. Otras veces, por contra, escribimos poemas a cuatro manos, alternando versos, sobre servilletas:

Si Vietnam cercena los colores,
si ya no llueve como antes
y se oxidan los futuros que soñamos
ahora que parece que por fin amanece
en algún lugar que nunca es éste,
siempre tarde, a veces por la mañana;
humo de canciones, gemidos sin te quiero,
desvelos a deshoras, cenas de empresa, comidas sin vino pero sin ti,
Nicaragua en la esquina de tu calle, comandante.
Amanda no eres tú, pero sabremos ignorarlo, dejarlo pasar quizás.

4 comentarios:

Negra dijo...

a mi me pasaba lo mismo con mis dibujos, hoy ya no tengo quien me los prosiga...
Completar, seguir, y encontrarle solución a la vida, de a 4 manos, o más.
Las servilletas? nada mejor paño para ello.

Saludos

Fanmakimaki dijo...

Me gustan esas conversaciones entre amigos con algo de lacohol por medio, donde se resuleven lso probelmas del mundo.

Me gusta la ilustración retro de un post anterior. Muy chula!

Crapúscula dijo...

jajaja, bandido, cumpliste tu amenaza. Que no nos falten esas noches. Me ha encantado el post, amigo.

Nota: No te reto a que publiques todas las servilletas por el bien de la paz mundial. :-)

Gonzalo dijo...

Espero que esas servilletas hayan sido convenientemente destruidas, Crapúsculas. Yo, sabes, lo negaré todo. O mejor aún, rebuscaré en los bolsillos de vaqueros viejos.